Creaciones innovadoras de Elio Lumen

Elio Lumen

Elio Lumen une la simbología cristiana con el minimalismo contemporáneo. Pinta cuadros sobrios y hechos a mano sobre aquello que sostiene a las personas: esperanza, confianza, despedida y nuevo comienzo. Sus obras se realizan con acrílico y espátula, en tonos neutros y mates con acentos dorados puntuales. Símbolos recurrentes – un haz de luz, aguas tranquilas, un pastor protector, una paloma silenciosa, una corona, un camino abierto – se interpretan de forma contemporánea: lo bastante abstractos como para dejar espacio, lo bastante claros como para tocar el interior. La superficie táctil y el uso consciente del espacio negativo crean momentos de atención plena: imágenes que arraigan, consuelan y hacen palpable la confianza.

 
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Elio Lumen: Fe, pensada de forma minimalista – hecha visible

¿Cómo empezó todo?

Durante mucho tiempo iluminé escenografías de teatro. Tras un ensayo, las luces de la sala se quedaron apagadas y solo un rayo estrecho caía sobre una superficie vacía; de repente vi en ello un camino, un «más allá de aquí». Poco después falleció un amigo. Me di cuenta de cuánto necesitan las personas imágenes que digan en voz baja: «Puedes soportarlo. Esto sigue.» De esa mezcla de luz, silencio y despedida nacieron mis primeros cuadros.

¿Por qué el nombre artístico «Elio Lumen»?

«Elio» suena a sol, «Lumen» a luz. De eso se trata para mí: no de figuras que «demuestren» algo, sino de la luz como dirección. Cuando una franja de claridad divide una superficie, cuando el agua se calma o una forma de corona estrecha concentra la mirada, se abre un espacio para la esperanza, sin grandes palabras.

¿Por qué un lenguaje visual cristiano y, aun así, moderno?

Muchos símbolos están grabados en nosotros, aunque no vayamos a la iglesia: camino, agua, corona, paloma, pastor, tumba vacía. Los utilizo de forma reducida, como signos universales de consuelo, nuevo comienzo y pertenencia. No me interesa lo histórico, sino lo actual: qué me ayuda ahora a respirar y seguir adelante. Por eso renuncio al patetismo y cuento con calma, superficie y luz.

¿Qué diferencia tus obras de las imágenes clásicas de iglesia?

Sin ilustración, sin brillo dorado como ostentación, sin sobrecarga. Trabajo con tonos neutros y mates, espacio negativo, huellas toscas de espátula y un oro muy puntual, más como un acento discreto. Los cuadros no deben dominar, sino acompañar. Funcionan como una frase breve y buena: clara, tranquila, sólida.

¿Qué deberían provocar los cuadros?

Un momento breve y bueno del día. Una mirada, una respiración, un poco de confianza. Si alguien dice: «Vuelvo a dormir bien», «He tenido esa conversación», «Creo que todo irá bien», entonces el cuadro ha hecho aquello para lo que lo pinté.
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