Kaisa Lehtinen pinta atmósferas tranquilas y reflexivas: escenas reducidas a la atmósfera, la distancia y la forma en que el color transmite presencia. Su trabajo equilibra el realismo moderno con la libertad impresionista: las formas permanecen legibles, mientras que los bordes se disuelven en transiciones aireadas para que el ojo se mueva a través de la pintura en lugar de a través de contornos duros. La pintura se trata como material y memoria, construida a través de campos de colores en capas y formada con cuchillos de paleta para dejar crestas táctiles, rupturas nítidas y un resplandor de color roto.
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